Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay más de 347 millones de personas que padecen de diabetes, y se calcula que en el 2004 fallecieron 3,4 millones de personas como consecuencia del exceso de azúcar en sangre. la OMS prevé que las muertes por diabetes se multipliquen por dos entre 2005 y 2030 (OMS, 2012).
La
Diabetes Mellitus (DM) es una enfermedad crónica de alta prevalencia con alto
costo social y de gran impacto sanitario, determinado por el desarrollo de
complicaciones agudas y crónicas que producen una disminución de la calidad y
esperanza de vida en quienes la padecen.
Las
personas que padecen de DM y no cuentan con un apoyo familiar oportuno, son más
propensas a deprimirse, aislarse, frustrarse y ver desmejorada su salud. Y si a
esto se le agrega que no existe una cultura sanitaria educativa y preventiva
centrada en la familia para afrontar esta problemática, la situación se torna
peor.
Muchas
veces se considera desde la esfera familiar que solo cubriendo las necesidades biológicas
del familiar diabético es todo. pero no es así, hay otros aspectos también
importantes para fomentar la calidad de vida del diabético como lo son
psicosociales, emotivos recreacionales y espirituales. de allí la importancia
de ampliar la mirada y facilitar un real apoyo familiar, que genere comprensión
y felicidad recíproca.
Es
evidente que el apoyo familiar repercute en la enfermedad, su evolución y
desenlace; se considera elemento fundamental para desarrollar conductas de
salud y autocuidado, así como en la adhesión del enfermo al tratamiento médico
(Tejada, L et al 2006).