jueves, 31 de julio de 2014

DIABETES MELLITUS Y PARTICIPACIÓN FAMILIAR

La diabetes mellitus (DM), es una enfermedad crónica de alta prevalencia con alto costo social y gran impacto sanitario, determinado por el desarrollo de complicaciones agudas y crónicas que producen una disminución de la calidad  y esperanza de vida en quienes la padecen. 

Esta enfermedad crónica se asocia con la disminución y daño a largo plazo de órganos vitales como retina, riñones, nervios corazón y vasos sanguineos, aumentando los cargos económicos y sociales tanto para los individuos como para la sociedad, (Asociación Americana de Diabetes, 2000).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay más de 347 millones de personas con diabetes, y se calcula que en el 2004 fallecieron 3,4 millones de personas como consecuencia del exceso de azúcar en sangre. la OMS prevé que las muertes por diabetes se multipliquen por dos entre 2005 y 2030 (OMS, 2013).

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la diabetes se ha convertido en forma muy rápida en uno de los problemas de salud pública del continente americano, ya que ocasiona unas 100 mil muertes muertes en América Latina. la enfermedad que en 1965 ocupaba el 28 lugar en la lista como causa de mortalidad general, ahora se encuentra en la tercera posición y provoca que cada dos horas mueran 11 personas (OPS, 2002).

Como vemos la diabetes es una enfermedad degenerativa, silenciosa, traicionera y de serias consecuencias para quienes la padecen, la familia y el estado. y si los que la padecen  no lo asumen y además no cuentan con el indispensable apoyo familiar, tienden a deprimirse, generar sentimiento de culpa, que lo conlleva a un mal control de azúcar en sangre y en definitiva desmejorar su calidad de vida.

Por lo que es evidente que el apoyo familiar repercute en la enfermedad, su evolución y desenlace; se considera elemento fundamental para desarrollar conductas de salud y autocuidado, así como en la adhesión del enfermo en el tratamiento médico.

finalmente es importante que quien padece de diabetes empieze a reconocer su enfermedad, la acepte y aprenda a convivir con ella, que la familia comprenda que juega un rol importante en el tratamiento del familiar afectado y que el estado asuma su responsabilidad desde un punto de vista social y colectivo.

Solo se alcanzará el exito, si los implicados en la atención de la enfermedad, reconozcan la importancia que requiere la misma y la urgente necesidad de unir esfuerzos ante semejante flagelo.

Rodolfo Romero Mori